espondilitis anquilosante

La espondilitis anquilosante

La espondilitis anquilosante es una forma de artritis crónica que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral, las cuales tienden a soldarse entre sí, provocando una limitación del movimiento. Como resultado final se produce una pérdida de flexibilidad de la columna, quedándose rígida y fusionada.

Es una enfermedad frecuente, sobre todo en la raza blanca (0.5-1% de la población). Habitualmente aparece en varones entre los 20 y 30 años de edad. En mujeres es menos frecuente y suele ser más leve.

Sintomatología de la espondilitis anquilosante

Los primeros síntomas que nota la persona que tiene espondilitis anquilosante suele ser un dolor lumbar que se manifiesta de forma lenta y paulatina, no pudiendo precisarse con exactitud el instante en el que comenzó. La lumbalgia aparece cuando el paciente se encuentra en reposo, mejorando con la actividad física. De esta forma el dolor suele ser máximo en las últimas horas de la noche y en las primeras de la madrugada, cuando el paciente lleva un largo rato en la cama.

Con el paso del tiempo el dolor y la rigidez pueden progresar a la columna dorsal y al cuello. Las vértebras se van fusionando, la columna pierde flexibilidad y se vuelve rígida, limitándose los movimientos de la misma. La caja torácica también puede afectarse, produciéndose dolor en la unión de las costillas al esternón y limitándose la capacidad de expandir el pecho y dificultando la respiración.

La inflamación y el dolor también pueden aparecer en las articulaciones de las caderas, hombros, rodillas o tobillos, o en las zonas del esqueleto donde se fijan los ligamentos y los tendones a los huesos (dolor en el talón, en el tendón de Aquiles…)

Evoluciona produciendo brotes o ataques de inflamación de las articulaciones. Entre crisis, generalmente, el paciente se permanece sin dolor y mantiene una actividad cotidiana normal. Con la edad los brotes suelen distanciarse y ser cada vez más leves.

Espondilitis en la actualidad

Actualmente es poco frecuente que la espondilitis anquilosante sea grave, es decir, que se suelden todas las vértebras, dejando a la persona anquilosada y rígida.

Esto es debido a que en la actualidad el diagnóstico se suele hacer de forma más temprana, lo que conlleva una mayor rapidez en el inicio de los tratamientos y en las medidas rehabilitadoras.

El pilar más importante en el tratamiento de la espondilitis es la rehabilitación permanente, es decir la realización de fisioterapia orientada a aumentar la extensión, fortalecimiento muscular, evitar la rigidez y la pérdida de movilidad de la columna vertebral y otras articulaciones; además de fisioterapia respiratoria.

La práctica deportiva que permita la extensión de la espalda, y que mantenga la movilidad de los hombros y caderas, como la natación adaptada, es muy recomendable. Se deben evitar los deportes y ejercicios de contacto y colisión física, por la posibilidad de traumatismo articular y óseo. Así mismo, no son recomendables los deportes que como el golf y el ciclismo que obligan a la flexión continua de la espalda.

Noemí Fernández

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