TDAH

Allí estábamos sentados, una vez más la desesperación se reflejaba en la mirada de alguien que no sabía qué camino

debía tomar.

Ella estaba preocupada por su futuro y hablaba sin parar buscando una respuesta; él, inquieto, jugaba con un lápiz que había encima de la mesa.

La primera llamada de atención llegó desde el colegio, su rendimiento empeoraba y sólo recibía comentarios negativos sobre su actitud y comportamiento “parece que no escucha”, “no termina sus tareas”, “se distrae fácilmente” – ¡qué tengo que hacer! exclamó.

Veía que en casa era desordenado, desorganizado, chapucero y entre amigos empezaba a observar que hablaba en exceso,  interrumpiéndolos  y actuaba de forma precipitada sin ver el riesgo que había, le alarmaba  no seguir su ritmo,  y no poder entenderle.

Castigos, discusiones, promesas, nada parecía funcionar para cambiar la situación, fue entonces cuando, tras valoraciones y estudios, escuchó: “TDAH, su hijo padece trastorno de déficit de atención por hiperactividad”.

-Respire tranquila- respondí tras escucharla, en ese momento su cara cambió y atenta, comprendió todas las explicaciones e información que le dí.

Sosegada pudo ver que el futuro de su hijo podía mejorar, que podía recibir la ayuda y el tratamiento necesario para que el TDAH no dificultara su aprendizaje y su vida social.

Asunción Palomero

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